Plataforma

Otros, ellos, antes, podían.
J.J.Saer

Volver a Saint Tropez. Perdón, va de nuevo. Porque no hay ningún lugar al que volver. No se puede volver a Saint Tropez. Pero sigo dando vueltas alrededor de la playa, miento: alrededor de las palabras. La playa es un pliegue sobre un pliegue. Un palimpsesto.

Una profesora de lógica decía: los temas vuelven como la marea trae los cadáveres. Escribo palabras sueltas como juntando retazos (hay cadáveres) para armar un paño, el paño sobre el que decir. La arena amarilla sobre la que asolarse (quedarse en ruinas).

2 de junio. Escribo ¿Saint Tropez es una pieza (une pièce) sobre escombros? Imaginar un trazo, una historia otra que. La frase inconclusa, siempre. Un territorio desplazado, aplazado digo hoy. El palimpsesto de mi desvelo. ¿Qué es Saint Tropez? ¿Para mí o para las palabras? Si me lo preguntan no lo sé (dice Heráclito, no yo) Siempre estoy volviendo a Heráclito. Digo agua y pienso en río. Eso, en Heráclito. Pero a Saint Tropez no se puede entrar. Ahora, no antes. No se puede volver a la orilla infinitiva. Otra manera de canibalizar el lenguaje. Porque comerse la lengua es otra cosa. Al conquistador se le come la lengua. Para adueñarse de sus palabras y “lunfardizarlas”. Achacarle en la cara su propia verba masticada. Esto es nuestra Saint Tropez, la playa lunfarda. Porque pienso (no es que quiera seguir con el problema pero): un territorio canibalizado por los escombros, el cemento devorando todo (no solo en el sentido metafórico); desplazar es un modo de canibalizar la lengua, sacar a la playa de la playa…No se puede nombrar ya sabemos; y sabemos que lenguaje lenguaje no hay, en tanto objeto biológico. Pero playa lo que se dice playa tampoco. Sí hay ficción de playa. El objeto entonces es ficción. Como nosotras dos que en el acto de nombrar, de hablar sobre algo que no existe nos tornamos artificiales. ¿Falsas? Estas nosotras que ven acá son nuestro artificio. No hay guión, yo actúo que marco algo en el mapa y en realidad estoy pensando en cómo me toma la cámara. Pienso en los cuerpos de Graciela y Susana, dónde estarán (es pregunta).

¿Habrán sobrevivido?

Miro el río, para ver y escuchar si me trae alguna idea, si hay algo que se pueda recuperar. No se puede volver a Saint Tropez, repito para dentro como un mantra. La plataforma de cemento que la surca es un plató, un escenario detenido en el tiempo, cercado por la ruina. El tiempo de antes, de ellos, que podían. Después repaso las grabaciones. Acá en el video mientras actúo, hago que miro, señalo el horizonte, digo cosas que pienso (cosas no, palabras) pero todo es artificio. El mapa me provoca más.¡Es tan maqueta que todo me parece posible! Entonces pienso en el ejercicio de imaginar y llego a formular una frase completa: “Saint Tropez en los 60´s (los cuerpos bronceándose en la playa entre escombros) es la comprobación de la posibilidad de imaginar.”… Tal vez mejor si digo “Saint Tropez en los 60´s fue la posibilidad de imaginar”. Se podía realizar (en el sentido de volver real) una playa para la ciudad. Saint Tropez en ese tiempo de antes era el campo de lo concreto, de la experiencia misma. La porción de tierra por donde se podía entrar al río, abrevar en sus aguas, meter las patas en las fuentes. Nombrar la arqueología de Saint Tropez lunfarda es hurgar en la imaginación, en lo posible de ese tiempo. No podemos decir playa, no podemos decir volver pero en esta performatividad de la falta no podemos dejar de revolver, retornar a la escena dando vueltas sobre una idea fija, arrojando palabras sobre esta geografía artificia. Solo el nombrarla es insistir en lo vital. La idea del futuro. Un mundo futuro. Si no se puede volver a Saint Tropez tenemos que considerar inventarla. Este trabajo es el intento de inventarnos una playa en tanto orilla que trae río. Evocarla para imaginar un futuro posible, por ahora (y para empezar) en la ficción. Había una vez un playa…